Yo soy turista

  • 31 agosto, 2014
  • por David Mora

Y a veces viajero, e incluso en ocasiones soy excursionista. Y vosotros me diréis… ¿y a mí qué? Simplemente quiero proclamar que, a veces, no me importa viajar en grupo, aceptar que me digan a qué hora sale el autobús o incluso permitir que impongan la hora a la que debo despertarme.

Sin embargo, en otros viajes, soy todo lo contrario. Viajo sin reloj, sin guía, sin horario y sin un plan preconcebido. Incluso sin alojamiento reservado. En esos casos soy lo que ahora llaman un viajero. Leo incluso en algún lugar una cuarta categoría: los visitantes. Yo me quedé en que turista es todo aquel que pernocta entre una noche y un año en un lugar que no es su residencia habitual, independientemente de que reserve vía Booking, AirBnb o una agencia de viajes. En resumen…hoy en día somos viajeros híbridos, no tenemos un comportamiento monolítico, no asumimos el mismo rol en todos nuestros viajes.

Esta introducción, este post, es mi particular respuesta a la moda actual de aborrecer, despellejar, despreciar y, directamente, insultar a todo lo que suene a turismo y turistas. Sí, ya sé que en Barcelona hay muchos turistas y que, en ocasiones, la cosa se hace un poco molesta. Además entiendo que el sector turístico debe evolucionar, que los consumidores actuales buscan un mayor contacto con los residentes, vivir experiencias auténticas, sentirse ciudadanos de los destinos que visitan, y todo ese discurso que a mí me suena un pelín esnob. Si además le añadimos la coletilla de “queremos turistas de calidad”, tenemos el clásico discurso contrario al sector turístico, digamos, tradicional.

Al margen de que el turismo tiene cosas malas, que las tiene, lo que sinceramente me molesta es que, para promocionar, para poner en valor esas nuevas propuestas, se tenga que menospreciar o infravalorar a aquellas empresas y personas (millones) que anualmente optan por ofrecer y adquirir vivencias turísticas más o menos estandarizadas, más o menos predecibles. Porque dudo mucho que todos esos “viajeros” hayan mantenido siempre un comportamiento responsable, que nunca hayan optado por los servicios de la industria tradicional. Y es que, además, si no fuera por el desarrollo de la industria turística en las últimas tres décadas, difícilmente esas personas podrían hoy en día viajar tal y como lo hacen en la actualidad.

Solo me gustaría un poco más de respeto a los cientos de miles de personas que trabajamos en el sector turístico (12% del total), que generamos desde hace décadas una parte relevante del PIB y de la riqueza de España (11%) y que ha ayudado a poner a nuestro país en el mapa.

P.D. A todo aquel que pueda y quiera leer en catalán, recomiendo la lectura de los dos últimos posts del blog “De bat a bat”, en torno a la conflictiva relación de la ciudad de Barcelona con el turismo, redactados  por el Dr. José Antonio Donaire, quien siempre es capaz de mostrar un poco de luz en este caos.

 

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